sábado, 2 de agosto de 2014

Impresiones pre-viaje

Siempre supe que si hacía alguna vez un viaje "tan largo" sería éste.

Aunque seguramente no me lo podía imaginar cuando era pequeño y leía Miguel Strogoff en el tomo viejo que tenía mi abuela en una de las estanterías de su casa. Leí el libro varias veces, pero los nombres de las ciudades que en él aparecían (Nizhny Nóvgorod, Kazán, Irkutsk, Krasnoyarsk) nunca perdieron para mí su poder de fascinación. Así que supongo que en cierta medida el origen de este viaje se remonta a aquella época.

Aun así, no sería hasta muchos años después, al comenzar a interesarme por el mundo del "viaje independiente", cuando volví a entrar en contacto con estos nombres. El hecho de que un único tren pudiera recorrer la cuarta parte de la circunferencia terrestre (9288 km de Moscú a Vladivostok) sonaba a algo así como a "la mayor aventura posible". Y la oportunidad de atravesar culturas, razas y religiones tan diferenciadas unas de otras (los tártaros musulmanes de Kazán, los animistas del Lago Baikal, los budistas buriatos de Ulán-Udé) en un único viaje por un único país, además bajo una etiqueta tan mítica, hizo el resto para que el transiberiano se convirtiera en algo así como un sueño. Quizá ahora no fuera el mejor momento, pero un mes es mucho tiempo y, si no era ahora, quizá no hubiera sido nunca.

Y en estas cosas estoy aquí pensando entre las banderas de Lufthansa del Aeropuerto de Frankfurt, con esa sensación un poco perturbadora que tienes cuando sabes que hoy vivirás uno de esos momentos que nunca olvidarás: estar por primera vez frente a las murallas rojas del Kremlin y las cúpulas de la Catedral de San Basilio (al menos, si hay suerte al atravesar Ucrania).

Dejo aquí el Itinerario por si alguien tiene más curiosidad, y una foto de mis progresos con el cirílico, que en sí es bastante fácil y en un momento se puede aprender a leer en él.

Progresos con el cirílico en el Aeropuerto de Frankfurt



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