martes, 1 de octubre de 2013

Día 6 - Baraka

En la entrada de hoy tendría que hablar de cómo subimos escalonados por la ladera resbaladiza del Toubkal, para evitar las piedras que iban dejando caer los demás al ayudarse de pies y manos para avanzar. O de cómo apretamos el paso al salir a la cresta y perder el abrigo contra el viento, y llegamos cinco horas después a lo más alto que se puede estar entre los Alpes y el Kilimanjaro. Pero la historia va a comenzar un poco más tarde, junto al morabito de Sidi Chamharouch, el genio a quien los bereberes otorgan la facultad de conceder baraka o buena suerte a quienes acuden a su santuario.

Toda la subida a la cima y el posterior descenso hasta el refugio los hice con un grupo de voluntarios americanos del Peace Corps, que es algo así como una organización del gobierno de EE.UU. que promueve el desarrollo en zonas pobres. A ellos nos unimos Chris y yo después de que sus compañeras decidieran no subir por problemas con la respiración y el mal de altura. Después del refugio había que continuar bajando hasta Imlil, donde ellos iban a coger un taxi para volver a Marrakech (al día siguiente tanto unos como otros tenían que trabajar) y yo planeaba dormir otra vez en el Refuge des Mouflons, con su cama enorme y su ducha de agua caliente que me iban a dejar como nuevo.

La cosa fue bien hasta que llegamos a Sidi Chamharouch, a menos de una hora ya de Imlil, donde empecé a rezagarme por problemas con el tobillo derecho. Estaba pagando el haber cargado todo el día con la mochila por miedo a dejarla en el refugio para subir a la cima, ya que se nos explicitó que lo que dejáramos allí corría bajo nuestra estricta responsabilidad. Un centro de gravedad tan alto había penalizado mi estabilidad al bajar por la ladera, y en un resbalón con las piedrecillas mi tobillo se había retorcido.

En estas circunstancias, no me quedó otra que decirles a los demás que continuasen sin mí, porque el camino no tenía pérdida y ellos perderían su taxi si iban a mi ritmo. Poco a poco seguí bajando, haciendo paradas frecuentes y recibiendo los ánimos de los muleros que volvían a casa después de la jornada de trabajo. Cuando llegué a la explanada de piedras y vi por fin Armoud, el sol ya se había escondido detrás de los montes y los reflejos rojos que se veían por encima indicaban el atardecer.

Me apresuré entonces para llegar a la base del pueblo, donde tuve la suerte de encontrar una tiendecita abierta para comprar agua. Aproveché para sentarme fuera un rato con el encargado, su hijo pequeño y su padre, para quien sorry significaba cualquier cosa desde perdón hasta gracias o por favor. Cuando el encargado me ofreció quedarme a dormir con ellos en la trastienda, rechacé su oferta al verme ya en zona habitada y a tan poca distancia de Imlil. Y cuando quiso que le comprara un frontal, me lo tomé como el enésimo intento de Marruecos de sacarme unos dirhams más.

Sin embargo, en esta ocasión era una advertencia. A lo largo del camino no había ningún tipo de iluminación, ni siquiera dentro del pueblo, y tuve que utilizar la luz de la cámara como linterna para poder ver más allá de mis pies. Lo que a la ida me había parecido una pista de hormigón perfecta, a la vuelta se había convertido en un camino lleno de piedras, y no caí en la cuenta de que en realidad había cogido un desvío erróneo hasta que me encontré junto a un cañaveral. No tenía ni idea de dónde estaba y, después de casi doce horas andando, mis piernas estaban a punto de decir basta.

Fue entonces cuando apareció unos metros más atrás la luz redonda de una linterna, y detrás de ella un hombre de mediana edad que se ofreció a guiarme hasta el camino a Imlil. Supongo que fue mi cara de estupefacción cuando me dio las indicaciones lo que le hizo cambiar de opinión. Me pidió la mochila y me dijo que, si yo quería, me guiaría hasta su casa de huéspedes de Armoud. No podía sino aceptar, y, cuando después de un camino que me pareció eterno, lo vi por fin a plena luz en el interior de la casa, caí rn la cuenta de que era pelirrojo. ¿Hay algo más improbable que un bereber pelirrojo? Supojgo que la baraka de Sidi Chamharouch.

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